Perseverancia

perseverancia, despacho, baloncesto

Hoy es lunes. Día “duro” para la inmensa mayoría de la gente. A mí los lunes me gustan porque es el día en el que tenemos el primer entrenamiento de la semana.

El viernes nos aplazaron el partido por la lluvia. Me dio mucha rabia que no pudiéramos jugar. Pero volviendo a casa, me daba cuenta que no sólo era por no jugar. Sino por no poder jugar ni ver a las juveniles jugando. Porque el hecho de verlas jugar me ilusiona. Estamos en pleno ecuador de la temporada regular y todavía no hemos ganado ningún partido. Cualquiera podría sentirse desalentado y sin ganas ni esperanzas. Tener la moral hundida y no tener ganas ni de jugar ni de entrenar. Y sin embargo, cada entrenamiento y cada partido son aprovechados al máximo.

Echo una mirada hacia atrás y todavía me acuerdo. En verano, inmerso en un cambio laboral, Fausto me propuso entrenar un equipo en el Sagrado Corazón de Jesús. El equipo en cuestión, ni se sabía, podía ser un juvenil o un cadete femenino. Lo que saliera en función de las edades. Cuando quedamos y hablamos del equipo, quedé al tanto de la situación al momento. Iba a ser un equipo “complicado” porque su situación no era la mejor de todas. Había mucha incertidumbre sobre el número de jugadoras. Además, venían de tener una temporada poco fructífera en materia de aprendizaje. El primer día vinieron unas 12 jugadoras. Luego el grupo se quedó en 9 jugadoras (estas sí, comprometidas).

En los primeros entrenamientos lo primero fueron sorpresas. Hablaba de conceptos y según los nombraba comprobaba que no se conocían (Triple amenaza, concepto de juego libre, etc…). Lejos de venirme abajo, me ilusioné más todavía. El placer de enseñar baloncesto de base en un equipo pre-juvenil es una oportunidad única. El grupo es una mayoría de jugadoras cadete de 2º año junto a dos juveniles de 1º año (Blanca y Helena), que por supuesto, compiten en categoría juvenil.

En los primeros partidos, recuerdo cómo me enfadaba de manera desmedida. En ese momento todavía no era consciente de mi nuevo entorno y mucho menos de lo que sabían y no sabían las junior. Caí en la cuenta que no estaba disfrutando estos primeros partidos y yo solito me cambié el chip. Mi actitud en los partidos no podía ser distinta ni ir en dirección opuesta a la que tenía en los entrenamientos. Por “mucha” edad que tengan, son jóvenes y les queda mucho por aprender (eso por no decir que nunca se deja de aprender). Admito que mis jugadoras se equivocan y me encanta. Suena contradictorio y lo es. Cuando más aprendemos es cuando nos equivocamos. Es por eso que nosotras aprendemos tanto y tan rápido. Es duro. Por supuesto que lo es. Y aún así seguimos adelante. Tenemos perseverancia.

Técnica individual, coordinación y manejo de balón son los aspectos que más estamos trabajando. Quiero que a final de temporada las chicas tengan más habilidades y sepan más y mejor que al inicio de temporada. La temporada prometía y sigue prometiendo. En esta vuelta que hubiera comenzado el pasado sábado, el objetivo principal es mejorar los resultados. Y para eso, tenemos que competir durante más minutos. Todos esos momentos brillantes que jugamos tienen que prolongarse a lo largo de cada partido. La tarea no es sencilla pero sí muy atractiva. Es un reto que aceptamos gustosas. Vamos de menos a más. Hay ilusión, ambición, paciencia y fe. Es sólo cuando se deja de luchar cuando se pierde.

Creo en este equipo porque aunque los resultados no acompañen tenemos muchas ganas de mejorar y peleamos mucho. Eso siempre. Semper Perseverantia.

Cedric Arregui Guivarc'h
Entrenador Superior de Baloncesto (CES 2014)

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