Compañerismo

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El sábado pasado fui a dirigir un partido de mis pre-infantiles masculinos a Alcobendas. Al llegar al pabellón Pedro Ferrándiz (del que tengo muy buenos recuerdos por la cantidad de clinics a los que he tenido el privilegio de asistir) resultó que aún había dos partidos disputándose. Éstos en concreto eran de categoría alevín y cada partido se jugaba en una media cancha de la principal.

No es nada raro ya que esta situación es habitual en nuestro baloncesto de formación y raras veces se cumplen los horarios. Lejos de ser un inconveniente, es una ventaja para los impuntuales o los desorientados que no encuentran ni reloj ni pabellón. Para los puntuales y bien orientados es un tiempo extra para poder realizar un calentamiento físico completo y además, tener otra oportunidad más para mentalizarse y concentrarse, más y mejor.

Finalizó uno de los encuentros de alevín en una media cancha, pero a la otra media cancha aún le quedaba un cuarto para acabar el partido. El equipo local empezó a realizar la rueda de entradas por la derecha. Al ver y comprobar que aún estaríamos privados (por las circunstancias) de calentar en el otro aro… me acerqué al entrenador del equipo local y le hice la siguiente pregunta: “oye, perdona, ¿te importa si los míos y los tuyos calientan juntos?”

El entrenador local no tuvo ningún inconveniente y accedió. Tuvimos la ocasión de comentar lo poco frecuente de la situación y disfrutar de ver cómo nuestros chicos (que iban a disputar el primer partido de la segunda fase) compartían balón, aro e incluso pases.

Al observar tal acontecimiento, junto al resto del pabellón, me pregunté cómo debían sentirse los jugadores de ambos equipos. En mi época de jugador NUNCA he calentado con el equipo rival (otro asunto bien distinto es calentar juntos en una pachanga callejera). Seguramente tiene que ser una sensación rara. Sobre todo porque es algo que no suele suceder y podría incluso plantearse como algo descabellado. Pero no. Es totalmente lógico y sobre todo, COMPRENSIBLE, que dos equipos calienten juntos si hay un aro ocupado o una media cancha ocupada.

“Hoy por ti, mañana por mí”. “Ponerse en la piel del otro”. “¿Y si fueras tú?” Fuimos afortunados de poder disfrutar de aquel instante y sobre todo vivirlo. ¿Cuántas veces se dan esas situaciones? Cuando la oportunidad se presenta, hay que cogerla y disfrutarla sin dudarlo.

Cuando escuchamos la expresión “Baloncesto de formación” tendemos a pensar en la enseñanza-aprendizaje de los fundamentos individuales y colectivos, en las primeras lecciones de pase, bote y tiro. En multitud de contenidos con un marcado carácter 100 % técnico-táctico. Pero… ¿dónde está la actitud? Por gran desgracia, la actitud es algo que no se enseña de buenas a primeras.

Como entrenadores, y sobre todo como personas, deberíamos reflexionar más y mejor sobre cómo enseñamos esa(s) actitud(es). Es más, no podemos hablar de actitud sin hablar de sus compañeros, que son los que le dan su razón de ser y existir, los valores. ¿Qué valores transmitimos en nuestro día a día a la gente que nos rodea?

Sin lugar a dudas, tratándose de nuestros jóvenes (y no soy ningún abuelo), de benjamín a juvenil, e incluso algún que otro senior (aunque en esta categoría haya más de uno que se crea maduro por haber cumplido administrativamente los 18 años…), tratándose de las próximas generaciones, lo mejor que podemos hacer es ejemplificar esa actitud, mostrando PERSEVERANCIA e INTEGRIDAD en cada una de nuestras acciones, miradas y palabras…

Cedric Arregui Guivarc'h
Entrenador Superior de Baloncesto (CES 2014)

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